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BASILIO AUQUI

 Pampa Cangallo, tierra de los Morochucos, fue la tierra natal de este notable patriota, allá por 1739, fecha calculada teniendo en cuenta que frisaba los 75 años cuando en 1814 organizó un escuadrón de caballería para iniciar la lucha contra los opresores españoles. En esa tropa de Morochucos tuvo como oficiales a un hijo y siete nietos suyos, por lo cual la unidad fue conocida también como Escuadrón de los Auqui.
“Los Morochucos de Cangallo -escribe Luis Milón Bendezú- brillaron como célebres jinetes, incansables soldados y baluartes invencibles de la libertad.

Basilio Auqui fue arriero de ocupación, es muy posible que sus frecuentes viajes le permitieran conocer las inquietudes rebeldes surgidas en tierras aledañas. Debió haber oído hablar de Túpac Amaru, si consideramos que en la región del Pampas prendió también el fuego de la revolución.

Dicen que los morochucos son mestizos descendientes de los conquistadores almagristas que se habían sublevado contra el rey promediando el Siglo XVI. Los sobrevivientes de la batalla de Chupas, huyendo de la fuerte represión realista, se instalaron en la Pampa de Cangallo, lo que hoy es el Distrito Ayacucho en el Perú.

Estos españoles, mezclados con los pueblos quechuas de la región, configuraron una especial y bien definida cultura. Jinetes de la talla de los gauchos, llaneros o montubios, los morochucos se hicieron señores de las pampas peruanas. Llaman aún mucho la atención porque físicamente son indios serranos, pero muchos con tez blanca, ojos celestes, espesas barbas y cabellos claros. Muchos de ellos son músicos, todos rebeldes.

Entre ellos, en 1747, nació Basilio Auqui Huayalla, aquel guerrillero que durante seis años sembró el terror entre las tropas colonialistas españolas. No era para menos, al mando de sus indomables morochucos derrotó infinidad de veces a las tropas realistas al mando de los generales Mariano Ricafort y José Carratalá “El Carnicero”.

Auqui se destacó en acciones militares como las batallas de Huanta y Matará, Piquimachay, Rucumachay, Atunhuana y Atuntocto. Pero en Saqapampa fue donde le dio el golpe más fuerte a los colonialistas. No sólo por las bajas producidas a los españoles, que fueron más de 400 hombres, sino por la forma en que el guerrillero hizo caer a las experimentadas tropas colonialistas en una trampa preparada espacialmente por los morochucos.

Ante esta derrota Carratalá clamó venganza e ingresó a la localidad de Cangallo a sangre y cuchillo. Sobre los cadáveres de la población “El Carnicero” lanzó un decreto por el cual nunca más se edificaría sobre esa tierra arrasada. Decía el decreto: “Queda reducido a cenizas y borrado para siempre del catálogo de los pueblos, el criminalísimo Cangallo”.

Auqui siguió combatiendo, pero por la traición de uno de los suyos fue apresado junto a su mujer e hijos e inmediatamente ejecutados. Fue en febrero de 1822, a los 75 años de edad.

El general San Martín, al conocer el heroísmo de Auqui y los morochucos, ordenó reedificar Cangallo y la llamó Heroica Villa, en cuya plaza principal habría de levantarse un monumento. Años más tarde, Bolívar quiso testimoniar a su vez un nuevo reconocimiento a tan valeroso pueblo, concediéndole calidad de Heroica Provincia de Santa Rosa de Cangallo.